¿POR QUÉ ENGAÑAMOS A NUESTRAS PAREJAS?

Engaño

No siempre se trata de sexo, aburrimiento o tequila. A veces, es algo mucho más inquietante: Una sensación de muerte interior. Infidelidad.

No es la rutina. No es la lujuria. Tampoco una noche de copas o el espejismo del amor romántico. Según la renombrada psicoterapeuta Esther Perel, el verdadero motor detrás de muchas infidelidades no está en el otro, sino en uno mismo. Después de décadas escuchando confesiones, silencios y lágrimas, Perel ha identificado una causa tan común como silenciosa: la sensación de “estar muerto en vida” dentro de la relación.

Más allá del juicio moral, sus palabras invitan a mirar el deseo (y la traición) desde un ángulo incómodo pero revelador: el del deseo de sentirse vivo otra vez.

En una reciente entrevista con The Telegraph, Perel, conocida por sus libros, conferencias TED y su mirada sin moralismos sobre la intimidad, compartió una verdad cruda: muchas personas no engañan por buscar a otro, sino por buscarse a sí mismas. “A veces, las razones están en la relación: el rechazo, la traición, la desconexión, la alienación. La soledad es una razón muy común”, explica. “Pero otras veces, las razones son internas y poco tienen que ver con la pareja.

Lo que ella ha observado con mayor frecuencia es una forma de desgaste emocional, un letargo invisible que se instala sin hacer ruido. Cuando el deseo se vuelve repetición y la intimidad se convierte en logística (listas del supermercado, recogidas escolares, maratones de series repetidas), lo que muere no es el amor, sino la sensación de estar vivos. Y en ese estado, muchas personas buscan algo que los sacuda, que los despierte.

La infidelidad, entonces, no siempre es el fin de una relación: a veces es el grito ahogado de alguien que quiere volver a sentirse real.

Para contrarrestar esta especie de “muerte emocional”, Perel propone un concepto clave: la vitalidad. Ese impulso de vivir que se alimenta de la curiosidad, del misterio, de la diferencia. La terapeuta sugiere volver a mirar a la pareja como si aún no lo supiéramos todo de ella. “Ábrete a la posibilidad de que no conoces a tu pareja tanto como crees”, aconseja. Es esa apertura la que puede devolverle el asombro a la relación.

Jugar, compartir historias insólitas, cocinar algo nuevo, inventar un ritual, hacer el amor en silencio o hablar como si fueran desconocidos en un tren: cualquier gesto que rompa la inercia puede ser una chispa. “El juego es esencial”, insiste. No como una obligación, sino como un espacio donde el deseo puede respirar.

Y en un mundo que nos empuja a querer que todo encaje (que la pareja piense como uno, desee lo mismo, actúe según nuestras expectativas), Perel propone lo contrario: aceptar la diferencia como fuente de deseo. “No puedes hacer que alguien sea igual a ti”, señala. “A veces, uno hace cosas por el otro que no significan nada para sí, pero lo hacemos igual. Y eso también es amor.”

Entonces, ¿por qué engañamos? Tal vez no por buscar a otra persona, sino por intentar reencontrarnos con una parte de nosotros que se apagó. Y esa búsqueda, dice Perel, no empieza cambiando al otro, sino reavivando lo que en nosotros dejó de respirar: el deseo, el juego, el asombro.

Porque el verdadero antídoto contra la infidelidad no siempre es la fidelidad, sino la vitalidad.

Mira la conferencia con subtítulos en español: Esther Perel: Rethinking infidelity … a talk for anyone who has ever loved

Carrito de compra
Scroll to Top