¿EL DELEITE DEL BESO NEGRO?

ENTRE EL TABÚ Y EL ÉXTASIS

Explorar esta zona puede ser un acto de profunda intimidad, ternura y audacia.

Entre los pliegues del cuerpo humano hay puertas que muchos no se atreven a tocar. Y, sin embargo, allí donde el pudor grita, el placer susurra. El beso negro o anilingus consiste en estimular con la lengua y los labios la zona anal de otra persona. Su sola mención puede provocar risa nerviosa, rechazo o fascinación. Pero para quienes lo han experimentado en libertad, es un viaje sensorial profundo, íntimo, casi ceremonial.

El ano es una zona rica en terminaciones nerviosas. Su estímulo puede provocar cosquilleo, calor, sacudidas de gozo y, en algunas personas, orgasmos intensos. No se trata de penetrar ni de ir rápido, sino de saborear, besar, lamer, jugar con el aliento. Es un beso en un lugar secreto, una forma de decir confío en ti con todo mi cuerpo.

Mitos que debemos desmontar

  1. “Es antihigiénico”: Falso. Con una higiene adecuada, la zona anal puede estar tan limpia como cualquier otra parte del cuerpo. El baño previo, el uso de toallitas húmedas o una ducha de agua tibia aseguran una experiencia cómoda.
  2. “Es sólo para homosexuales”: Falso. El placer anal no pertenece a una orientación sexual. Es anatomía. Muchas parejas heterosexuales también lo practican y disfrutan.
  3. “Es humillante”: Solo si se hace sin consentimiento o desde el desprecio. Pero cuando se da con ternura y deseo, puede ser una de las experiencias más íntimas y estimulantes.
  4. “Es una moda”: Nada más lejos. El anilingus tiene registro en culturas ancestrales, textos eróticos antiguos y hasta en el Kama Sutra. La diferencia es que ahora se habla más.

Consejos para disfrutar del beso negro

  1. Consentimiento claro: Hablar antes. ¿Te interesa probar? ¿Te excita recibirlo, darlo, ambos? El placer comienza en la conversación.
  2. Higiene mutua: Bañarse juntos puede ser parte del juego. Lavar la zona con agua tibia y jabón neutro. Secar bien. Algunas personas usan enemas suaves si buscan una limpieza más profunda.
  3. Preámbulo sensual: No se trata de ir directo al ano. Comienza con besos en la espalda baja, caricias en los muslos, roces en los glúteos. Deja que el cuerpo se abra poco a poco.
  4. Lengua curiosa, ritmo lento: El beso negro no es una carrera. Usa la lengua con suavidad, haciendo círculos, líneas, toques intermitentes. La lengua es pincel y la piel es lienzo.
  5. Manos activas: Mientras la boca estimula, las manos pueden acariciar otras zonas erógenas: testículos, clítoris, pezones, caderas.
  6. Aliento y murmullos: A veces basta con respirar cerca, soplar suave o susurrar algo. El aliento puede ser más excitante que el contacto.
  7. Posiciones cómodas: La persona receptora puede acostarse boca abajo, ponerse en cuatro, acostarse de lado o sentarse suavemente sobre la cara. Lo importante es que ambas personas se sientan relajadas y libres.

¿Y si no quiero?

También es válido. No hay práctica que deba imponerse. El erotismo florece en el deseo compartido. Si no se siente cómodo, si provoca ansiedad o rechazo, está bien decir no. Lo bello del sexo es que siempre hay otros caminos para el placer.

Conclusión:

El beso negro no es vulgar, no es sucio, no es “demasiado”. Es una muestra de confianza. Es una invitación a honrar zonas olvidadas, a besar donde nadie suele besar. Es lujuria tierna. Es juego y entrega. Es la lengua diciendo estás a salvo conmigo, incluso aquí.

Porque cuando se practica con amor, higiene y respeto, el beso negro deja de ser un tabú… y se convierte en deleite.

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